Por Luis Adrián Ávila, zona V
“A Monterrey vamos todos”, con un corazón expectante, quizás con un poco de miedo de 12 horas de travesía, pero con un horizonte más amplio con miradas a Seúl 2027 y con la Certeza de encontrarnos con Cristo. Llegamos a encontrarnos con los amigos de la fe cada quien en los grupos donde se desempeñan, pero con un propósito común: ser amigos de Jesús en Betania, donde la verdadera amistad crece y madura en Cristo “Ustedes también dan testimonio, porque están conmigo” (Jn 15, 27). ¿Busco estar con Jesús? La JNJ fue un momento propicio para fortalecer la vocación porque primero hay que sentirnos amados, como Jesús sintió el amor de su Padre, para luego arrojarnos sin miedo a la vocación, al llamado de Dios.
Festejando la fe, nos recordó Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey, que la fe no se trata de cumplir un protocolo normativo, sino de sostener una relación viva como amigos cercanos e íntimos de Jesús para así transformar nuestras realidades del día a día. También nos recordó el significado de ser católico, es ser universal, es ser una Iglesia inclusiva, de abrir las puertas de par a par como nos invitaba el papa Francisco. Ser católico es un compromiso social de la comunidad en donde necesitamos trabajar para que ninguna persona, sin importar sus condiciones, miedo o pasado, se sienta rechazado o excluido de la misericordia de Dios y “a ninguno vamos a privar de este derecho”.
Hablando de este llamado universal a la santidad Iglesia sacramental, expresado en Henri de Lubac o Joseph Ratzinger, definiendo a la Iglesia como “sacramento universal de salvación”. El papa León en esta JNJ nos exhorto a detenernos y darnos tiempo en el silencio qué es lo que realmente conviene y edifica (Co 10, 23). En esta comunión con Cristo para manifestar al mundo cuál es nuestro propósito de vida: unirnos a Él y así, participando de su vida, alcanzar la santidad a la que somos llamados.
En un amor trinitario, donde Cristo nos llama, nos abraza (nos ama) y nos envía con un corazón inflamado de su amor para compartir y sólo compartiendo se vuelve pleno este amor, a ejemplo de nuestra madre la Virgen María, como figura máxima que la juventud debe imitar remarcó Monseñor.
