Con espíritu sinodal, alegría y esperanza, la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe concluyó este mes de julio el ciclo de Conversatorios “Misioneros de la Esperanza”, como parte del camino pastoral vivido durante la Gran Misión Católica, celebrada el pasado domingo de la Ascensión del Señor.
Fruto de esa misión, surgió el ciclo de conversatorios parroquiales que, bajo el lema del Jubileo 2025 “Peregrinos de la Esperanza”, buscó generar espacios de reflexión, diálogo y discernimiento comunitario en torno al ser y quehacer misionero de la Iglesia hoy.
Las sesiones se desarrollaron en tres encuentros:
5 de julio – El bien posible: misericordia, cercanía y paciencia misionera. Inspirados por Evangelii Gaudium, reflexionamos sobre cómo acoger a todos, valorar pequeños pasos de crecimiento y construir una Iglesia con las puertas abiertas. ¡Ve la galeria de fotos en nuestra publicación de Facebook!
12 de julio – Fe que se transmite y comunidad misionera. En una sesión enriquecedora con dos exposiciones, abordamos primero la dimensión misionera de la fe como don que se vive y se comparte; y luego, el papel de la comunidad parroquial como espacio de iniciación cristiana, renovación pastoral y acción evangelizadora. !Sé testigo de esta reunión en nuestra galeria de fotos!
19 de julio – El testimonio: primer paso de la misión. Iluminados por Redemptoris Missio, profundizamos en cómo el testimonio de vida —personal, familiar y comunitario— es hoy más necesario que nunca para anunciar el Evangelio con credibilidad. ¡Ve a nuestra publicación de Facebook y regálanos un me gusta!
Cada encuentro fue una experiencia viva de Iglesia y quienes participaron compartieron ideas, desafíos y propuestas concretas para fortalecer el rostro misionero de nuestra parroquia. Lejos de ser solo un evento formativo, estos conversatorios fueron verdaderos espacios de comunión y discernimiento.
Al concluir este ciclo, damos gracias a Dios por los frutos sembrados. No solo se cumplieron objetivos pastorales, sino que se vivió un proceso profundo de escucha, participación y compromiso. Queda encendida la llama de una comunidad que, con humildad y alegría, se reconoce Misionera de la Esperanza en su propio territorio.
Aunque esta serie de conversatorios llega a su fin, el envío misionero continúa. En cada gesto cotidiano, en cada palabra compartida, en cada puerta que se abre a Cristo, la parroquia sigue cumpliendo la misión encomendada: hacer presente el amor de Dios en medio de su pueblo.
